martes, 3 de agosto de 2010

Insomnio.


No puedo dormir.

El aire me molesta. El calor me molesta. El insomnio me molesta. ¡Joder, todo me molesta! No sé que hacer para conciliar el sueño. Lo de contar ovejas ya no funciona, he perdido la cuenta y aún sigo despiertísima.

Tal vez esto se deba a la inquietud que me provoca esta incertidumbre que me puede. Ya no es como antes, entro a mi habitación y me siento incómoda; antes, eso, no pasaba.

¡NECESITO UN BUEN CAMBIO!

Pero para cambiar, hace falta saber lo que se quiere obtener con exactitud. Yo, a día de hoy; no sé lo que quiero ser, pero estoy segura de lo que NO quiero ser.

Y aunque creo que esto ya lo he escrito antes, repito que necesito liberarme y la única forma que tengo para hacerlo es escribir. Tal vez nada de esto tenga sentido para alguien que lo ve desde fuera, pero para mí sí que lo tiene, y mucho.

Esto me reconforta de una manera inimaginable. Es más sabroso que comer con las manos, mejor que andar descalzo por casa, más duro que un día entero de gimnasio, más bonito que una tarde de primavera. Me puede hacer volar más que un avión, navegar más que un barco y correr más que un coche. Y podría seguir y seguir y seguir... pero no se me ocurre el adjetivo adecuado que englobe todo este sinfín de sensaciones. ¡Aunque algún día lo encontraré!

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