martes, 1 de noviembre de 2011

braMAR del alma.



"¿Y qué es esto que me carcome el alma?" se preguntó la muchacha desdeñosa, sin ofuscación y más que preocupada, yo diría decepcionada... que seguía caminando sin rumbo fijo, con el bramar de las olas a su paso y a la misma vez el suave susurro del viento sobre el pinar que salvaguardaba la costa desde el acantilado. En su cabeza rondaba sin cesar la cuestión que había tenido en vilo a esa piratilla la cual algunos consideraban de poca monta y otros como la causante de que una panda de piratas maltrechos pudiesen parecer un grupo elegante dirigiendo un feroz navío en la mar.


De igual forma que ella había surcado los océanos, ahora eran las ideas las que le surcaban a ella, confundidas e inundadas. Corroídas de la salitre, y al igual que su barco, con bastantes algas enredadas en su timón. Y era eso lo que le faltaba, un timonel comprensivo, dispuesto a llevarla hasta el fin del mundo.


Pero dando pasos sin avance alguno, se sentía vacía. Sin respuestas. Con muchas preguntas. Buscando algo que ni siquiera ella sabía.


Y es bien sabido que lo que nos carcome el alma es la inactividad de la misma. Así que ¡usen, usen el alma! e intenten borrar la ele para que se quede en ama.

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