domingo, 11 de diciembre de 2011

Lo vintage.


Desde hace algún tiempo hemos podido observar que está moda lo vintage. Ahora vuelven las faldas de tablas, camisas de botones y estampados que no dejan indiferentes a nadie. Nos peinamos con la raya a un lado y escuchamos a los Beatles.

Más allá de toda la parafernalia comercial y el deseo de las multinacionales y marcas en que compremos sus productos y así esclavizarnos, mercantilmente hablando, esto se debe a la crisis en la que nos vemos sumidos actualmente y no me refiero precisamente a la económica, sino a la social. A esa crisis en la que algunos han dejado sus valores por detrás, pocos conservan aún sus principios y muchos se venden por un par de euros. “Político” es hoy un antónimo de “honradez”, una palabra que, la mayoría de las veces, produce urticaria.

Nos vemos sin dinero, sin presente y sin futuro. En la calle, tirados mientras lo único que nos queda es la ilusión de ser felices pero ni siquiera nos dejan serlo, echando a los músicos que tocan en la plaza del barrio y te alegran el día cuando vas atravesando la esquina torcida. Duermes con la esperanza de que a la mañana siguiente encuentres un trabajo y puedas apañártelas para vivir modestamente, entonces es cuando enciendes la tele y te das cuenta de que una “señora” se embolsa cantidades ingentes de dinero por haberle tocado la chorra a un torero y sin embargo tus padres se parten el cuero de sol a sol para ganar un par de duros con los que llegar a fin de mes, si es que no toca pagar algo aquí o algo allá.

¿Qué es lo único que nos queda? ¡Volver al pasado! Echar la vista atrás y recordar el tiempo en el que fuimos felices, vivíamos sin preocupación; porque es así, siempre buscamos cobijo entre los brazos de la nostalgia, y es esta nostalgia la que ha rescatado lo vintage. 

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